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Huiré de los aguafiestas


El martes en el Ágora compartimos una experiencia muy vivencial dirigido a emprendedores, de manera que cada uno de nosotros pudo identificar en el momento en el que se encontraba de su proyecto profesional:
               
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Al finalizar Jordi Miró habló de que fuera cual fuera el momento en el que estuviéramos, siempre teníamos que tener una frase como lema «HUIRÉ DE LOS AGUAFIESTAS»  y además hizo que lo declaráramos, allí delante de todos y con la mano en el pecho.
Es una expresión que refleja una actitud que las personas adoptamos ante las circunstancias de la vida y que se relaciona en cierta manera con el victimismo.
Hay que diferenciar el ser una víctima y el sentirse una víctima. La persona que se siente víctima, descarga la responsabilidad de su estado en circunstancias externas, nunca en ella misma. Es más cómodo ser víctima y esperar a recibir la ayuda de los demás, que tomar consciencia sí mismo y de las circunstancias, adoptar la responsabilidad para hacer algo al respecto y llevarlo a la acción.

Os presento un resumen sobre este tema del capítulo 16. Aceptar lo que es del libro Zen Coaching de Javier Carril.

La víctima y el verdugo
Las personas que han adoptado el papel de víctima son, al mismo tiempo, verdugos de sí mismas. Se hablan a sí mismas con crueldad, y generan una corriente de comunicación destructiva con ellas y con el resto de personas cercanas. Así pues, la víctima, sea de forma directa o indirecta, acaba siempre transmutando al rol de verdugo. Sus inseguridades y desequilibrios emocionales los traslada a los demás, torturándolos constantemente, y cuando esos seres queridos o compañeros de trabajo arremeten contra ella, entonces se repliega de nuevo en una posición de “víctima”.

Una persona que no sepa gestionar sus emociones y entre en este juego víctima-verdugo puede ser extremadamente manipuladora.
La aceptación es el antídoto contra estos papeles que adoptamos y que nos hacen tanto daño.

Unido a estos papeles, se encuentran varios sentimientos negativos y devastadores: el resentimiento y la culpa.

El resentimiento surge hacia el exterior, hacia las personas que creemos que han provocado nuestra situación, llena nuestra mente de malos hierbajos, pensamientos negativos que nos producen estrés y ansiedad. También el resentimiento puede dirigirse hacia uno mismo, aunque no seamos conscientes. A esto le llamo yo el sentimiento de culpa, diferenciando una vez más el “ser culpable” o “sentirse culpable”. La culpa es un concepto muy vinculado a la religión católica.

El resentimiento y la culpa están relacionados con la resistencia ante la realidad. El resentimiento es lo contrario a perdonar a los demás, la culpa es lo contrario a perdonarse a uno mismo. El perdón es sinónimo de aceptación. Cuando nos perdonamos a nosotros mismos un error, estamos aproximándonos ya hacia la solución y el aprendizaje.

¿Tienes alguna víctima a tu alrededor? ¿Adoptas tú ese papel de víctima ante las circunstancias?

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