Mercado Laboral,  Orientación Profesional,  Radio

LOS INTERESES PERSONALES: ESE PUNTO DE INICIO PARA LAS DECISIONES PROFESIONALES

Cuando tomamos una decisión laboral en un momento de cambio o al principio de nuestro recorrido vital, nos aconsejan que sea una actividad que nos guste. Es fácil dar este consejo. También se suele acompañar el consejo de la frase que tan bien suena “Elige un trabajo que te guste y no tendrás que trabajar ni un día de tu vida” (frase de Confucio, que vivió sobre el año 500 antes de Cristo) y nos parece «ideal y cierta», ya que pensamos que es lógico que si nuestro trabajo nos gusta pues vamos a sentir mayor bienestar y podemos potenciar más nuestras capacidades aplicadas en ello.

Ante esto encontramos una respuesta sobre la que podemos basar para orientar a nuestros hijos/as, alumnado o en nosotros/as mismos/as: se trata de saber aquello que nos gusta o me interesa para elegir la actividad laboral que vaya con ello. Lo hacemos entonces a través de la reflexión sobre uno/a mismo/a, realizando un acto de autoconocimiento: acción de reconocer en uno mismo las propias capacidades, cualidades, inquietudes, formas de hacer de estar y de ser, y con ello, las preferencias o intereses. En cuanto a los intereses, se trata de aquello hacia lo que nos declinamos (acercamos), porque nos atrae, nos agrada, sentimos curiosidad, nos produce una sensación de bienestar, lo hacemos sin que nadie nos lo diga, en definitiva, nos provoca un “tono emocional positivo”.

¿Escuchar música clásica o música country? ¿Pasear por la playa o por la montaña? Hacia una actividad nos acercamos y de otras nos alejamos o rechazamos. Los intereses, los gustos o las preferencias siempre van a ser personales, pero si preguntamos también por una temática escolar o de trabajo, vemos que tenemos intereses profesionales: ¿practicar matemáticas o leer un libro de historia? ¿realizar registros de datos en una hoja de cálculo o diseñar una vivienda?. Tanto en los intereses personales como profesionales se trata de actividades, temas o ámbitos concretos sobre los que tenemos una preferencia en ese momento de la vida, por que este es otro factor: los intereses no se mantienen estables, sino que varían conforme nosotros/as cambiamos.

Tenemos claro que los intereses nos pueden orientar en nuestras decisiones, pero no es el único factor para tomar una decisión profesional. También intervienen, por ejemplo, las capacidades de la persona, las oportunidades formativas y laborales que se me presentan, las posibilidades de mi entorno y otros condicionantes que marca la realidad laboral en el siglo XXI ( y no en el s.VI A.C. cuando vívia Confucio).

Como psicóloga coincido con la propuesta de que realizar una actividad profesional que coincida con nuestros gustos, va a favorecer su ejecución y bienestar en la persona. Además de que por su “tono emocional positivo” se demuestra unos buenos resultados a través de investigaciones de la psicología positiva, liderada por Martin Seligman. Además, como orientadora laboral, voy a puntualizar varios aspectos a tener en cuenta en la toma de decisiones basadas en intereses:

    • Identificar nuestros intereses lleva un acto reflexivo. No es fácil concretar qué es exactamente lo que me gusta, y sobre todo, de honestidad con uno/a mismo/a ¿realmente me gusta? Nos puede ayudar, los cuestionarios de intereses vocacionales que hay en Internet de manera abierta, para validar y concretar intereses vocacionales.
    • Nos puede llevar un tiempo. Las personas pasamos por etapas en nuestras elecciones y gustos laborales: en la infancia como representación de roles, luego más por las aspiraciones y después por las capacidades. Igual el momento de decisión vocacional aún no se tienen claros intereses, habrá que seguir indagando en uno/a mismo/a  y explorando en entorno.
    • Cambian a lo largo de la vida. Algunos de nuestros intereses se mantienen a lo largo de la vida, pero otros rebajan su intensidad, y suben otros, y otros que los descubrimos por nuevas experiencias.
    • Que alguna asignatura o temática nos guste, no significa que vayamos a estudiar o trabajar de ello. En la mayoría de las ocasiones, mis intereses forman parte de una ocupación, por ejemplo, en un trabajo de cuidados sanitarios mi gusto puede estar en la atención personal; por lo que este interés también nos puede servir para otros trabajos que tienen que ver con atender a personas. Por lo que deberemos tomar los intereses como es información transversal aplicable a muchos trabajos.
    • No podemos confundir el interés o que nos gusta algo, con el que tengamos capacidad o recursos para ello, por ejemplo, si me gusta la actividad física pero no tengo altas capacidades para ser profesional, ni me gusta la docencia para ser entrenador. Existe la posibilidad de que sea un hobbie o acciones voluntarias.
    • No podemos basar el interés o el gusto por una actividad como único referente para la decisión, ya que hay que valorar las opciones de trabajo actual y futuro nos da el entorno laboral real. Por otro lado, en ocasiones se organiza la actividad de emprendimiento alrededor de un interés o un gusto, y quizá no se tiene capacidad de gestión de un negocio.
    • No sólo es una cuestión de autorreflexión personal. También se puede identificar los intereses de las personas que trabajan con nosotros/as, y quizás introducirlos en la actividad laboral de la persona.

Al tener en cuenta estos aspectos, vamos a favorecer una toma de decisiones basada en la realidad y no sólo en la «ilusión» de aquello que «me gusta» o «me interesa». Además, hay que tener en cuenta que, en ocasiones preferimos que nuestros intereses se queden en algo para nuestro disfrute y no convertirlo en un trabajo. Es en estas ocasiones cuando yo reacciono ante la frase de Confucio, y digo, ¡cuidado! que si eliges un trabajo que te guste, corres el peligro de que el trabajo sea tu vida.